el camino que transito es de una via,
ya no hay dos,
es impar.
Mi cielo allá arriba está azul,
y empiezo a caminar con los ojos puestos en el suelo,
siento que no merezco el cielo que me cubre.
Voy tras mis pasos retrocediento para ver mi error.
cómo es posible ser ninfa y a la vez arpía?
con qué manos voy a sujetar esta emienda?
No hay precio que pagar cuando se comete tal agravio,
latimar a un inocente, profanando su arritmico corazón,
arrancandole hasta hacerle sangrar los vestigios parpadeantes de su felicidad.
me queda el sabor amargo de mi ironica realidad, el peso duro que equilibra mi cuerpo, no hay motivos para hacer llorar a un fauno, que cruel que infame... no hay argumentos para ocultar tu escarnio, ¿que es ser miserable, si no cuando te miras al espejo?
Dónde se ha visto tamaña bestialidad?
avandonarle indefenzo a merced de su soledad...
descuidar a la criatura que desnuda, te entregaba el alma
hasta el negligente escupe la huella que te sigue.
tal vez merezca el destierro, aislarla de mundo
para cumplir su condena.
Esperando milenio tras milenio hasta talvez, purgar su culpa.
Sola, sentada en un banco para dos
ya no espera, ya no mira, no suspira
apenas respira,
temiendo todavia que al exhalar lastime la brisa que le abraza la piel.
Mujer pequeña, de mirada perdida, y a lado suyo caen las hojas del arbol,
que es su propia vida.