lunes, 20 de agosto de 2012

En cama

Entre tanto las horas transcurren sin dejar huella, como asustadas se escapan del tiempo pisando el aire... Temerosas del viento. Ellas asechan las esquinas de mi cuerpo y se van tal cual vinieron, me acogen, me arrullan, se van... Mientras tanto me sumerjo sin espasmos en esta catarsis irreversible, me ahogo sin morir, porque la muerte duerme a mis pies... como un gato manso. Miro las paredes del cuarto que me encierra, tienen vida anidando en los rincones, ellas cuentan mi vida y ronronean al respirar, están viejas. Quiero dormir, pero el sueño escapa, me teme, se esconde, no sé si veré la mañana siguiente, los días avanzan sin estar, estando... Me quedo tiesa casi sin respirar mientras el aire se acumula denso en mi entorno. Hasta cuándo estaré en esta esfera de sol frío, casi muerto. Mi cuerpo acumula las esporas de otras vidas, usadas, corrompidas, añejas... me dejan agría aturdida sin ganas de seguir aspirando ese aire que me llena los pulmones de muerte ajena. No les temo, pero siento en las plantas de los pies como pequeñas arañitas empiezan a tejer sus moradas usando mi piel como piso de hogar. Entonces me doy vuelta y me sacudo las sombras, miro el reloj; Es hora... cerrar los ojos, dormir.