La mujer, es sin querer y como todos, un lugar ocupado dentro del espacio infinito que nos rodea, está y siempre ha estado, siempre estará, es omnipresente en todos los tiempos y en todos los contextos, es omnisciente en todas sus etapas y en todas sus escalas, es omnipotente en todos sus encantos y en todas sus vanidades, en todo su alcance de plenitud como fémina ocupante de este mundo multigenerico. La mujer está en el principio y estará en el final, un alfa y omega más infinito que su mismísimo creador, tanto más poderoso, y sutil, esbelto, estridente y silencioso.
Las Ellas, son más bien diosas,
Santas que en vez de una aureola en la cabeza, poseen Dos en ambos senos, (tierra prometida), generadores de vida.
Santas que no temen equivocarse, santas encantadoras, seudo santas, santas inherentes, involuntariamente santas, santas, santas, santas, (satanás-sotanas), santísimas putas, putisimas santas que disfrutan su ventaja de parir vida, luz, esperanza, sueños, letras, cariño, y ese dios que se engancha en sus ovarios.
Esas Ellas encantadoras que saben más que tú y que te intimidaron a tal punto que durante cada temporada en la historia humana, trataste de hundirla, las quemaste, las ultrajaste, las utilizaste, las manipulaste, y esas heroínas dejaron su sangre y de su sangre derramada germinaron todavía seres féminas mucho más poderosas, mucho más guerreras, mucho más que cualquier mUchismo.
(sigue)