La noche se acercaba débil, triste... como si supiera lo que sucedería aquel día,
- Sabes que no estoy aquí para quedarme, le dijo él mientras sacudía las hojas secas que el viento hacia caer sobre sus cabellos alborotados.
- Lo sé y no me importa, estoy esperando que el dolor sea amable conmigo esta vez, valdrá la pena, la valdrá mil veces, porque estarás en mi historia, ahí.. es ahí donde me acompañaras para siempre... Ella murmuro con el escaso aire que circulaba en su boca.
El cielo estaba nublado, tan oscurecido como mis pensamientos en ese momento. Yo la tome entre mis brazos y le grite con mi piel, con mis brazos y mis ojos cerrados que me perdonara, que perdonara mi estupidez, mi egoísmo, mi necedad, mi ambición, mis deseos de tenerla sin tenerla.
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